Reflexión16/09/2025: El mundo efímero

Colores apagados, música compuesta con solo tres acordes, compras compulsivas e inconscientes, gente pegada a un mundo virtual, personas desgastadas... ¿Qué está pasando?

AVISO: Esta reflexión no va a estar basada en estudios de ningún tipo, solo mi propia percepción. 



Hoy os vengo a hablar de un tema al que llevo meses dándole vueltas: ¿qué le pasa hoy en día a la gente? ¿Qué nos pasa? 

La sobreproducción

Os pongo en contexto: llevo meses, casi años, escuchando sobre muchos temas que, ya veremos, están relacionados. Todo empezó con una crítica al modelo de producción (y, por tanto, de consumo): un sistema que produce en masa, con cada vez menos calidad. El ejemplo más práctico es la moda rápida, o incluso ultrarápida. Prendas confeccionadas por personas en condiciones infrahumanas, con poca calidad y poco tiempo de vida útil. Cadenas, empresas, de moda rápida, que encontramos al alcance de la mano, en tiendas locales, en los centros comerciales, incluso ya de segunda mano. A cuál peor. Lo que siempre me ha parecido curioso es la facilidad con la que se consume este tipo de producto: no hay cuestionamientos, y, a pesar de saber su procedencia, sigue comprándose, por tanto, produciéndose. Muchas de estas marcas son muy baratas, por lo que su discurso cala en las personas con menos poder adquisitivo; sin embargo, otras, son bastante caras para la calidad de las prendas que ofrecen. No voy a entrar en nombre concretos porque todas las personas que estamos leyendo esto las sabemos. La cuestión que me planteé ese día fue ¿por qué sigue la gente comprando de estas marcas, más allá de que sean baratas, si al final no son duraderas?


La no reducción del consumo

No contento con esto, el universo me puso algo más en el camino para llegar a esta reflexión, y que viene relacionado con la idea anterior: la contaminación. ¿Qué nos pasa? Nunca ha bastado con reciclar, es preciso primero reducir y reutilizar pero no se hace, sobre todo lo segundo. Pongo el ejemplo de una camiseta. Me acuerdo que, cuando era pequeña -y ahora-, mi madre usaba las camisetas muy viejas para ir al campo; luego, para limpiar; y luego, para paños. Las rasgaba y la camiseta duraba más de diez años. Algunas de esas camisetas convertidas en paños aún están vivas en mi casa. Ahora las camisetas no sirven ni para paño porque enseguida se desgastan, se rompen, no protegen. No podemos reutilizarlas. Por si no fuera poco que esto sucediera en el mundo de la industria textil, también pasa con la tecnología. No reducimos nuestra huella tecnológica. He visto a muchas personas que no se han preocupado de cuidar sus dispositivos electrónicos. ¿Qué importa que se rompa el teléfono que tengo hace seis meses si el último modelo de X marca está en el mercado? A pesar de que ese X modelo tiene una vida útil infinitamente inferior a la de un teléfono de hace veinte años... ¿Por qué tenemos esa especie de indiferencia frente a que todo sea un desastre y no dure? Quizá no nos da igual del todo, pero es lo que parece. Lo curioso de todo es que recordamos los tiempos pasados cuando <<aún pasábamos la ropa a los primos pequeños y estaba en perfecto estado>> o cuando <<mi abuela remendaba la camisa porque no podían comprar otra y duraba otros tantos años, y si no para paño>>, como si ninguna de nosotras tuviera nada que hacer al respecto. Como si estuviéramos atadas de pies y manos y cegadas.


La indiferencia

Eso me lleva finalmente a hablar de la indiferencia del ser humano ante todo. No he podido llegar a otra explicación de la situación. Una indiferencia plena ante la mala calidad de los productos, ante las injusticias, ante la forma de producción y la contaminación... Claro que aquí seguramente hemos llegado muchas, porque solo es necesario echar un vistazo alrededor para darse cuenta de ello. Pero vamos un poquito más allá. ¿De dónde viene esta indiferencia?


Los colores neutros y la arquitectura moderna

He visto miles de vídeos y publicaciones y escuchado conversaciones quejándose sobre lo plano y simple que es todo hoy en día: desde los colores de la ropa que usamos a las fachadas. Ya no estamos en el siglo pasado, ni en el Barroco o en los Años 20. Nuestro estilo moderno se caracteriza por líneas simples y rectas, con colores neutros como los tonos marrones y grises y el blanco. Ventanas sin ornamentaciones, mobiliario sencillo y plano, aunque práctico... Incluso va más allá: la música también es simple frente a los grandes grupos y cantantes de finales del siglo pasado. Se respira un ambiente de sencillez que deriva de la necesidad de ahorrar tiempo en la limpieza y el cuidado de nuestras posesiones, bien sean casas y muebles o ropa. No se tarda el mismo tiempo en limpiar un suelo de madera 100% que uno de tarima flotante. No es lo mismo cuidar de una prenda que está confeccionada con buen algodón o con materiales naturales que otra de poliéster y mal cosida. Es como si se nos empujara a que nada importara ya nunca más. Al menos no lo que usamos: vivimos actualmente en una sociedad en la que debemos tener todo listo para el día de ayer. Se nos exige cumplir con una expectativas nada realistas, estar pendientes de nuestro trabajo, de ir al gimnasio, de ser felices... Pero nuestra fachada es de indiferencia pura. Como si mostrara que verdaderamente estamos vacías por dentro. Esto no es comunismo o capitalismo, esto es la extrema necesidad de no ocupar espacio, de estar atentas a otras cosas que no sean la expresión de nuestra personalidad, ideas o pensamientos. Todas las personas tenemos la misma arquitectura, la misma ropa, todo igual. Para no destacar, para ser iguales. 

¿Por qué? 

El mundo efímero

Así que finalmente llegué a esta conclusión: vivimos en un mundo efímero. Hace décadas, por ejemplo después de las guerras, había esperanza, la bella idea de un nuevo mañana con mayor justicia y con paz. Hoy día nuestra situación política, social y económica es bastante diferente, digamos que se parece más bien a los momentos de preguerra: tensiones políticas internacionales, gobiernos inútiles y completamente basados en el marketing y en la publicidad más que en ideas reales; la economía está por los suelos, estamos atravesando una crisis que arrastramos casi desde principios de siglo y nadie parece hacer nada; los derechos humanos están, más que nunca, amenazados; y luego está la crisis ecológica: mares contaminados, recursos mermados, especies en peligro de extinción... Y, sobre todo ello, la incipiente indiferencia de la sociedad. Reflexiono, finalmente, que la indiferencia es el resultado del inevitable final al que parece que nos aproximamos, cada vez más veloces. ¿Por qué iba a preocuparme por no contaminar si nadie hace nada, si los millonarios no hacen nada, si los gobiernos y empresas no hacen nada? ¿Si, total, nada puede hacerse y acabaremos muertas? ¿Por qué me iba a importar comprar ropa confeccionada por personas en condiciones insalubres si es la única que puedo permitirme? ¿Por qué iba a preocuparme por cómo es mi casa si ni siquiera puedo acceder a una, o no tengo el tiempo de mantenerla porque me consume un horario laboral en que me explotan y no me pagan lo que deben?

Pues eso. La cuestión ahora es: ¿cómo acabar con la indiferencia? ¿Cómo acabar con el sentimiento de que todo acabará pronto y ya nada merece la pena? Nihilismo creo que le llaman.

TheWriter.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi experiencia como profesora

Reflexión 25/11/2024: "Recuerda quién es el verdadero enemigo"

Primera universidad