La comunicación de la ciencia: las dos visiones
La comunicación de la ciencia: las dos visiones
Imagen de una persona en ciencia: en un laboratorio con una bata blanca. Cara de concentración. Seguramente la persona sea mayor, no joven y más probablemente, un hombre que una mujer, y sin discapacidades alguna. Esta visión de la práctica científica es lo que demuestra la manera en que se ha comunicado el conocimiento científico estas últimas décadas (aunque, quizá, podrían ser siglos).
Qué es la comunicación científica
La comunicación científica es la actividad a través de la cual se transmite el conocimiento de las disciplinas que integran la ciencia, como la física o la geología, a un público. Ejemplos de escenarios de comunicación científica son: congresos y seminarios, aulas, museos, talleres...Se incluyen textos, libros, programas de radio y televisión y juegos. Tiene su propia rama de estudio: cómo ha sido la comunicación científica a lo largo de la historia, métodos empleados, lugares, objetos...
La comunicación científica alberga, por tanto, diferentes situaciones y contextos. Sin embargo, podemos clasificar las formas de comunicar en dos grandes grupos.
El modelo de déficit: la primera visión
En la Figura 1 encontramos las dos grandes corrientes de la comunicación científica:
- UPSTREAM: corriente de la comunicación de la ciencia que se da en entornos académicos (seminarios, congresos...). Normalmente participan personas que conocen del tema del que se habla. Se usa el lenguaje culto.
- DOWNSTREAM: corriente de la comunicación de la ciencia que se da entre el público. Se trata de charlas divulgativas, de libros de texto de materias académicas de alumnado de niveles educativos inferiores... Suele usarse un lenguaje estándar y, en determinados momentos, coloquial.
Entre medias está el eterno gris: ensayos, artículos periodísticos, informes...
Figura 1.
Gráfico del artículo de Stiven Hiltgarner.1990. «The dominant view of popularization:
conceptual problems, political uses». Social Studies of Science 20:519-39.
El modelo de déficit ha sido el común desde hace siglos; la razón, principalmente, es la falta de estudios de una buena parte de la población hasta bien entrado el siglo XX. Si ya pensamos en la Edad Media, en la que el conocimiento quedaba recluido en monasterios, solo unos pocos podían leer y escribir así que no es de extrañar que la ciencia estuviera únicamente en sus manos. Con la llegada del Renacimiento y de la Ilustración, más filósofos expondrían sus teorías y sus experimentos a las cortes y a la alta sociedad. Pero quedaría ahí. Con la alfabetización de la población en el siglo XX más personas podrían acceder a estos conocimientos. Sin embargo, la dirección seguía siendo hacia abajo. El público no participaba de los estudios científicos y el trabajo en ciencias era visto como inalcanzable, solo posible para unas pocas personas muy inteligente (o muy ricas); y el ser científico (o científica, menos común) era estar en una esfera social muy alta, ser una persona poco alcanzable e, incluso en algunas ocasiones, bastante extraña.
Seguramente muchas personas sigan pensándolo hoy en día. Traemos heredada esta forma de ver la ciencia: las personas científicas forman un pintoresco y exclusivo grupo. Quizá incluso nos preguntemos ¿qué hace un científico exactamente?, ¿qué es necesario para ser científico?
*Insertar imagen de persona con bata blanca en un laboratorio*
La realidad es que la ciencia es mucho más y, en la mayor parte de los casos, ni siquiera involucra llevar una bata blanca.
La ciencia democrática: la segunda visión
Desde hace un tiempo existe una corriente de comunicación científica que aboga pro hacer la ciencia más democrática, es decir, de no crear un grupo exclusivo de personas que tenga únicamente permitido conocer la ciencia. La idea de que la ciencia debe ser accesible a todo el mundo, de la participación social y de la retroalimentación. Esto tiene mucho sentido en investigación pública, donde el dinero de las personas de un país se destina a proyectos. ¿Queremos alimentos transgénicos? ¿A qué investigaciones preferimos que vaya nuestro dinero: espacio o agroalimentario?
Además, la ciencia democrática también es una lucha social: conseguir que la ciencia se interese por aquellos públicos que nunca se ha interesado. Un ejemplo muy claro de ello fue la lucha de las personas homosexuales (en su mayoría hombres) a finales del siglo pasado para eliminar la estigmatización del VIH y el SIDA y conseguir estudios más objetivos que no los demonizaran. Actualmente, es la lucha por la investigación en salud sexual y reproductiva de la mujer: conseguir que haya más investigación en los problemas relacionados con la menstruación, que la representación femenina en ensayos clínicos sea, etc.
¿Y sobre las diversidades funcionales? La ciencia democrática aboga por la inclusión en la práctica científica de cualquier persona.
La ciencia democrática aboga por una práctica más igualitaria, menos exclusiva y más transparente.
Hoy en día, existen muchas iniciativas de ciencia democrática, como Ciencia Ciudadana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC). Se trata de llevar la ciencia a toda la sociedad, se incluyen actividades en barrios empobrecidos o con riesgo de exclusión social, cine inclusivo para personas con discapacidad visual y auditiva, etc.
La divulgación científica es una de las herramientas más usadas en la comunicación de la ciencia para democratizarla: hacer llegar el discurso científico a todo el mundo, adaptándolo, pero no simplificándolo. Y, hoy en día, con las redes sociales en auge y el fácil acceso a la información no es de extrañar que la ciencia esté viéndose obligada a salir de los polvorientos laboratorios.
La antigua visión unilateral de la comunicación científica está llegando rápidamente a su fin: luchas sociales, acceso a la información, concienciación sobre los problemas actuales son las causas de la caída de la exclusividad científica social.
¿Estáis de acuerdo?
TheWriter.
Lectura recomendada: Knight, David.. Public Understanding of Science: A History of Communicating Scientific Ideas. London: Routledge, 2011

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