Una habitación propia (de hoy)

En 1928, Virginia Woolf -novelista y feminista del siglo XX- fue convocada como ponente en una serie de conferencias en la Universidad de Cambridge. La temática: la mujer y la literatura. En sus reflexiones previas a la redacción del discurso, que finalmente llevaría a la novela de renombre actual, Woolf cavilaba sobre muchas cosas: ¿tenía la mujer la misma oportunidad de acceder a una educación académica y literaria?, ¿se valoraba igual el trabajo de ellas que de sus compañeros?, ¿tenían las mujeres tiempo?



Una habitación propia se publicó en 1929 y, hasta la fecha, ha sido un gran referente feminista de la experiencia de muchas mujeres. En su momento, Woolf habló de la necesidad de que las mujeres poseyeran una <<habitación propia>> para escribir y así poder dedicar la misma energía y el mismo tiempo que sus compañeros hombres: las mujeres por entonces no poseían tiempo suficiente ya que sus labores principales les consumían gran parte del día. Así que, sin esa habitación propia, ese espacio tanto físico como temporal y social, ¿cómo podrían las mujeres llegar a ser tan buenas novelistas como los hombres? 

Las mujeres lucharon y, hoy en día, nosotras podemos estudiar, formarnos, tener el acceso a las herramientas y el tiempo para escribir. Aunque aún queda mucho camino, sabemos -y exigimos- a nuestros compañeros: compartimiento de las tareas del hogar, valoración equitativa de los méritos, la no discriminación en puestos de trabajo por maternidad, etc.

Sin embargo, y a pesar de todo lo logrado, pro algún motivo siento que estamos volviendo atrás.

En España el 57% de las mujeres jóvenes no se considera feminista. En 2021, era del 67.1%. El llamado #princesstreatment, o las famosas #tradwife, #energíamasculina y #energía femenina... Para las personas que, por suerte, aún no conozcan de estas cosas déjenme explicarles. #Princesstreatment se trata de una de las últimas corrientes de moda en la que muchas mujeres dan consejos sobre cómo conseguri ese <<tratamiento de princesa>>: regalos caro, pagar por todo... Pero no se queda ahí. Hay influencers que han confesado no hablar con camareros ni abrir puertas, siendo la única interacción posible será con su marido. Lo que al inicio podría entenderse como meros caprichos dentro de una relación pasa a convertirse en la aceptación de un rol sumiso (si Emmeline Pankhurst levantara cabeza...).

En cuanto a las #tradwife. Proviene de la unión de los términos traditional wife (esposa tradicional) y elude la estética de los años 1950. Lo que en un principio fue solo una forma de vida es ahora todo un movimiento. Mujeres hermosas, hogareñas, bien vestidas y con muchos hijos cuyo trabajo es la casa. Romantizan e idealizan el trabajo de ama de casa, comúnmente llamado. Retornan los roles de género tradicionales pero al más estilo aesthetic: recetas caseras, vestidos bonitos, cuerpos estéticamente estándar (tras haber parido a cinco bebés)... Uno de los casos más conocidos fue el de BallerilaFarm una exbailarina de la academia de Julaird, Nueva York, que lo dejó todo para irse con su esposo (rico) a una granja. 

Los roles de género y el sexismo no se quedan en las tradwife. Muchas mujeres los han devuelto con un nuevo nombre: #energíamasculina y #energíafemenina. Tomando el ejemplo del Ying-Yang muchas personas han defendido, y defiende, la existencia de dos energías complementarias: la energía masculina representada por el vigor, la fuerza, el poder; la energía femenina, la dulzura, la empatía, la delicadeza, la emotividad. Y yo me pregunto ¿acaso no es esto la reformulación del sexismo, atribuyendo características a cada sexo, obviando la realidad biológica? Hasta donde yo sé, todas las personas (excepto determinadas) pueden sentir empatía y emociones -siempre que tengan amígdala. Por desgracia, no es nada nuevo. Después de años de lucha para demostrar que las mujeres no somos delicadas, ni débiles, ni somos las únicas que pueden sentir emociones, el cuento sigue vendiéndose por sí solito. Y es que incluso hay personas (muchas veces mujeres) que han señalado que una mujer que se enfoca en su trabajo o en sus estudios <<tiene energía masculina>>. Hay quienes afirmar que una relación solo podrá ver el éxito si conviven estas dos energías. 

Parece que la habitación propia que tanto nos costó conseguir está cerrándose de nuevo, Virginia. Qué lamentable.

Por si esto fuera poco, las <<tendencias>> no acaban ahí. La recuperación de modelos corporales irreales de las mujeres se ve fomentada por el interés excesivo en el gimnasio y el ejercicio, las dietas imposibles, las rutinas faciales (skin care) de miles de pasos para tener una piel <<perfecta>> y el ascenso de los anteriores movimiento comentados. Por si ya fuera poco llevar gran parte de las tareas del hogar, la vida profesional y la preexistente carga mental que todo eso conlleva, ahora se diría que hay que tener tiempo para ir al gimnasio de manera regular tal que nos beneficios se noten en pocas semanas, poseer una rutina de noche y día que incluya muchos productos y mucho tiempo, pensar y repensar la ropa del día... Todo eso cumpliendo con nuestras obligaciones diarias, de trabajo y de casa, porque, no olvidemos, a pesar de los <<avances>> en igualdad de género, los roles siguen y en la mayor parte de las ocasiones las mujeres continúan dedicando mayor tiempo al hogar que los hombres. 

Segundos que son minutos y estos, horas. Horas invertidas en la apariencia física de nosotras, con el fin de encajar en unos estándares poco realistas para... ¿Ser apreciadas por la mirada masculina?

Cualquiera diría que necesitamos que Virginia Woolf salga de su tumba para poner un poco de orden. 

¿Cómo podremos, finalmente, hacernos con esa habitación propia si cada vez está más lejos? ¿Si permitimos que todas estas modas, que revocan tiempos pasados, tomen voz e importancia en la sociedad y, sobre todo, en las chicas jóvenes que las ven como modelos? 

Así que después de darle muchas vueltas me pregunto ¿tenemos una habitación propia?

TheWriter

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