Reflexión 17/03/2026: Algo en lo que creer

Algo en lo que creer


(Creo que esta reflexión va a ser muy buena continuación a la anterior).

Es momento de agarrarse a clavos ardiendo y eso solo nos lo da la fe.

Como persona que ha estado en una carrera de ciencias y, rodeada de personas del oficio, he recibido muy a menudo comentarios sobre lo sectarias que son todas las religiones y lo poco que sirve creer en Dios. Como persona que vive, he visto demasiadas veces a otras rezar o rogar a una deidad que ayudara. Es un contraste muy visible pero muy común.

La necesidad de creer

Desde los albores de la Humanidad, las personas hemos necesitado creer en algo, y ese algo se llamó dios, deidad. Cada civilización tenía dioses y diosas, o solo un dios. Algunas representaban a sus deidades con aspecto humano; otras adoraban a vacas, y otras hacían mezclas. Hace siglos las religiones politeístas dejaron de molar (usemos esta palabra para no describir la brutal persecución) y se instauraron las grandes religiones monoteístas: islam, judaísmo, cristianismo. Con el paso del tiempo y la imposición de las ideas científicas, así como la caídas de los regímenes antiguos, la creencia en la fe ciega dejó de molar (de nuevo, vamos a resumirlo así), y ganó protagonismo la experimentación. Se demonizaron épocas antiguas como misteriosas y oscuras, con nulo progreso y absoluta sumisión de la población. 

Desde luego, sea una cosa u otra, el ser humano, como animal con consciencia de sí mismo, ha necesitado creer. Esta necesidad es claramente debida a esa autoconsciencia: necesitamos explicar lo que no podemos entender o lo que no podemos conocer. Primero, fueron los fenómenos naturales; luego, la maldad de personas; por último, fue la democracia y la fe ciega. 

La ciencia como la nueva fe

Hay muchas personas que se jactan de ser ateas y no dejarse embaucar por la Iglesia (además siempre se refieren a la religión cristiana católica); se enorgullece de no creer en la religión ni en Dios... pero cree ciegamente en la ciencia. La ciencia es conocimiento, conocimiento seguro, que conocemos... En la teoría está genial, sin embargo la práctica es llevada a cabo por seres humanos con capacidad de cometer errores. La ciencia se convirtió en la nueva fe hace un par de siglos. Desde entonces no ha parado de demostrar la cantidad de cosas que no conoce y la otra cantidad en la que se equivoca: la historia de los paradigmas y su destrucción y construcción. 

La ciencia sustituye a la religión tradicional, a pesar de que muchas personas la consideren como infalible y eficaz para saber. Y ahí lo tenemos: para saber. La religión se inventó para saber, y tiene sus límites, como la ciencia. El método científico no es seguro cuando se aplica a determinadas hipótesis, como el caso de la creación del universo o qué hay detrás de la muerte, sobre todo porque no podemos recrear esos instantes. La ciencia sigue, en ese contexto, las ideas de la religión: según lo que sabemos y las teorías vigentes el universo se habría creado así y después de morir no habría nada. 

¿Pero quién quiere creerlo? Hay personas que más que querer, lo necesitan. Para mucha gente, la ciencia es una alternativa menos violenta y sangrienta a la religión (a pesar de que la ciencia ha defendido con creces teorías como la eugenesia o que la homosexualidad es una enfermedad). 

La conclusión es que la ciencia, al igual que la religión, son dos maneras, más similares que diferentes, de acercarse al conocimiento. Porque el ser humano necesita conocer. 

En qué creo

Hace tiempo estaba con mis alumnas aprendiendo la tabla periódica y recalqué un hecho muy curioso: la tabla periódica se ordena según número atómico creciente. Empieza en el 1, el hidrógeno, y sigue hasta el 118, el oganesón. Pasando por elementos metálicos, gaseosos y radiactivos, artificiales o no, del número 1 al 118 hay representación para cada cifra. No es que exista el número atómico 52 y hasta el 60 no haya más, no. Se trata de una serie continuada de números. 

Una de mis alumnas me preguntó por qué los elementos quieren 8 electrones, razón por la que existen compuestos como la sal, y yo le respondí que era totalmente indescifrable. Por si esto fuera poco, me asaltan también otras dudas en química: por qué la molécula del agua es tan perfecta, por qué el carbono es el elemento de la vida... Y también tengo preguntas en otras materias: cómo saben las células cuándo tienen que dividirse y cuándo morir (y eso está en el ADN, pero cómo); es un ejemplo de las otras muchas dudas que tengo.

Estudiar ciencias me ha hecho entender que no todo tiene explicación y que no todo es explicable. Y eso está bien. Deja abierta una ventana a la imaginación y a creer. Me gusta pensar que el ser humano tiene unos tiempos marcados y que no estamos listas para descubrir, todavía, todo sobre el universo; para entender cómo funciona el ADN, o para predecir una erupción volcánica. Tal vez los fantasmas existen pero no tenemos la tecnología, ni la comprendemos, para poder capturarlos o grabarlos. Es posible que las hadas existan, ¿en otro plano dimensional? 

La ciencia tiene muchas teorías, cada cual más alocada. Creer en esas teoría es elección de cada persona. Porque, bien sea en la religión, bien sea en la ciencia, desde luego necesitamos creer. Necesitamos ese algo en lo que creer. 

TheWriter.





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