Orgullosa de mi madre
Esta semana es el Día de la Mujer, el 8 de marzo. Hoy se conmemora las protestas de las mujeres en una fábrica en Rusia. Aunque no sabemos exactamente si esto es o no cierto sí que estamos seguras de que esta fecha nos recuerda que aún tenemos mucho por lo que luchar. La realidad es que la igualdad, a pesar de ser un derecho humano, no se ha conseguido a ningún nivel y eso incluye a nivel de género.
EL día 8 de marzo recordamos las grandes mujeres que han hecho posible todos los avances en este tema: desde grandes activistas como Emmeline Pankhusrt hasta científicas como Marie Curie. Siempre llenamos los titulares con nombres que resuenan en las paredes: Mary Shelley, Hipatia de Alejandría, Leonor de Aquitania... Todas ellas comienzan a llenar las páginas de los libros y a ocupar el lugar que las correspondía. Pero siempre olvidamos a las más importantes: las madres. Muchas de las mujeres históricas que celebramos el 8 de marzo eran madres y se las recuerda por los grandes logros pero no por el simple hecho de sacar adelante una familia y de ir contra viento y marea para dar a sus hijas una sociedad mejor.
Hoy quiero hablar de mi madre, de una mujer increíble que ha aguantado las estupideces de muchas personas, incluyendo las de su exmarido. Una mujer que, a sus más de cincuenta años, está recomponiéndose, buscándose.
Mi madre nació en los años sesenta, época de apertura de los derechos y de la tolerancia, pero en una España bastante más atrasada que los países europeos vecinos. Mi abuela era, es, una señora educada en los ideales del momento: sé una buena chica, estudia mucho, pero busca un buen marido; cásate y ten hijos. Completa el ciclo. Y mi madre cumplió con el papel muchos años: cuidó de sus dos hermanos menores y aguantó las broncas de mi abuela y su exigencia y presión por ser la hija mayor. Además, no era precisamente una de las personas más populares del pueblo. ¿Por qué? Bueno...
A pesar de los estándares que había por entonces, mi madre siempre fue distinta, y no tuvo reparos en demostrarlo. No encajaba con la imagen de la buena chica, de la buena hija, la buena cristiana, una buena mujer. Callada, recatada, que se viste según la moda. Ella nunca ha sido. Como el agua, no puede ser aprisionada mucho tiempo en un espacio limitado. Y, aun así, lo intentó, intentó encajar, porque al final todos tenemos esa necesidad de pertenecer a un grupo.
Y no salió bien. No podemos ocultar quiénes somos.
Ahora, ya liberada de casi todas las ataduras, está buscándose, encontrándose y reconectando con su verdadera yo.
Me hace que aún haya gente que cuando la ve la insulta o la mira con desprecio por mostrarse tal como es y no importarle; que haya personas que aún la critican por escoger su felicidad a la falsa imagen de un matrimonio feliz. Lo curioso es que muchas de esas personas son mujeres, que han tenido la oportunidad de estudiar, de escoger marido y de tener posesiones. Seguramente algunas hablen de feminismo y lo mucho que lucharon para poder votar. ¡Ah! Pero todo tiene un límite y el feminismo que ellas predican no es el de la sororidad, la empatía y la aceptación sin condiciones. Me atrevería a decir que ellas parecen reprimir algo... Just saying...
Y mi madre se rehace, y no está siendo fácil: tiene que hacer frente a una sociedad cuya tolerancia es muy limitada en estos temas (mi pueblo), a una familia que, digamos, no es la mejor en cuanto a la comprensión y con una situación laboral peliaguda.
Y ahí está: se levanta cada día y elige seguir adelante. A veces se derrumba, como todas las personas, pero sigue.
Estoy muy orgullosa de ella.
Mi madre me crio, me enseñó a ser la persona que soy hoy, me enseñó la tolerancia y a luchar por mí y por mis derechos. Ella es la razón de que hoy en día sea feminista: el poder que tenemos las mujeres es nuestro, no podemos perderlo de nuevo.
Ella es feminista, mujer y madre, y ha hecho más por la lucha feminista siendo lo último.
Nuestras madres lucharon, algunas más discretamente que otras, y nos transmitieron la importancia de no rendirse, de ser independientes de los hombres y nunca conformarse; de alzar nuestra voz.
Estoy orgullosa y muy agradecida de mi madre.
TheWriter.

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