Reflexión 11/11/2025: Los discursos de odio

¡Felices 80 años del final de la II Guerra Mundial y 107 años del final de la I Guerra Mundial, y feliz cuenta atrás para la III Guerra Mundial!

En realidad, por muchas risas que pueda causarnos, da miedo decir en voz alta que vamos camino de una guerra. ¿Qué le está pasando a la sociedad?

Los discursos de odio


Los discursos de odio... ¿Por dónde empezar?

¿Qué ha pasado con la empatía? Siento que estamos olvidando que somos personas, que somos iguales; olvidamos que todas tenemos problemas, necesidades, miedos. Estamos viviendo un momento muy crítico a todos los niveles: a nivel social, las personas no nos escuchamos ni hablamos ya tanto como antes, nuestras vidas cada vez se individualizan más; a nivel económico, creo que somos cada vez más egoístas y justificamos acciones que atentan directamente contra los Derechos Humanos; a nivel político no existe la política, solo son críticas para ver quién la tiene más grandes; estamos presenciando un genocidio de nuevo; en muchos países (incluidos europeos) los derechos básicos que preservan la igualdad y la libertad están siendo eliminados. 

¿Y por qué todo esto parece que no va a parar? Porque estamos aprendiendo (o reaprendiendo) a odiarnos. Ya no os hablamos, la sociedad nos exige más y mas cada día, no pasamos tiempo de calidad con nuestros allegados, vivimos apresurados, inconscientes de lo que sucede a nuestro alrededor... Y las redes sociales no ayudan. Existe algo llamado el <<sesgo de percepción>>. Psicológicamente se trata de la necesidad de confirmar nuestras emociones, independientemente de los hechos objetivos. Así pues nuestros cerebros están programados para percibir la realidad de manera que nos dé la razón. Gracias al algoritmo de redes sociales el sesgo se acrecienta: las redes sociales son gigantes y, sin embargo, no vemos ni el 2% del total. Podemos unir a la receta los discursos vacíos y simplistas, como los que dan los políticos: solo son críticas disfrazadas de argumentos (falacia ad hominen).

Todo ello creo que el clima perfecto para que se cuezan conflictos, para que las ideas se enfrenten y no sean escuchadas, para evitar todo aquello que no sea propio, para cerrar aún más las fronteras de nuestra comprensión... Para una guerra. 

He explorado el tema del odio y todo lo que puede estar llevándonos como sociedad a ello ya varias veces en mis reflexiones, pero esta vez quiero hacerlo desde la frustración y el miedo. La frustración de ver que tanta gente se está olvidando de que sus vecinos no son enemigos, de verla cerrarse en sí misma y dejarse guiar por corrientes de ideas que solo perjudican, incluso a una misma; la frustración de no saber qué hacer. Y el miedo. El miedo porque todo esto es una repetición de otros momentos de la historia de la humanidad, y los más recientes se sucedieron el siglo pasado. 

Pero la gente elige odiar, al igual que la humanidad elige su propia historia, aunque muchas personas estén en desacuerdo conmigo. 

Odiar es fácil: no piensas, te dejas arrastrar por una espiral de rabia y malestar, producto de una desesperación social causada, a su vez, por ideas políticas sin fundamento. Porque odiar es separar. Y separar es adoctrinar a las personas para que estén dispuestas a luchar en un conflicto armado (guerra) para defender los intereses de unas pocas (políticos y empresarios) que serán los únicos que consigan algo con la guerra. 

Porque hoy es 11 de noviembre de 2025. Hace 107 años acabó uno de los mayores conflictos de la historia: la Primera Guerra Mundial, donde cientos de miles de soldados murieron habiéndoles sido prometida la esperada y ansiada paz, y otros tantos perdieron familias, trabajo, extremidades y sentidos. Hoy en día son recordados con honor, pero si les preguntáramos seguro que nos dirían que el odio no sirvió de nada, porque no se consiguió paz. Me atrevería a decir que ni siquiera la guerra acabó, solo se tomó un descanso para volver más fuerte, con más odio. Y provocó un genocidio. Han pasado 80 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las personas que lucharon en ella nos dirían que se arrepintieron y que el odio no ayudó en absoluto.

Está en nuestras manos parar esto. Igual que durante la Primera Guerra Mundial los soldados de ambos bandos se dieron el salto al fuego para jugar un partido de fútbol durante el día de Navidad. Somos nosotras, todas las personas de esta Tierra, las que podemos decidir parar con los discursos de odio y escoger vivir en la empatía...

Claro que esto último es más difícil, ¿verdad? ¿Pero desde cuándo lo correcto y lo fácil es lo mismo?

Hay personas que eligen la empatía. Pocas, con voz débil, pero ahí están. Sacan fuerzas cada día, escogen levantarse, erguirse y mirar hacia delante, siendo conscientes de que se enfrentan a una sociedad adoctrinada en el odio. Algunas sucumbes, y otras se mantienen. Por esas que se mantienen, nos debemos mantener el resto. Escojamos nuestro futuro hoy. No caigamos en el odio.

TheWriter.



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