Reseña "La luz de la Edad Media"
La Luz de la Edad Media
La historia de la ciencia medieval
<<La Edad Media suele considerarse una Edad Oscura y se asocia al atraso tecnológico, pero la realidad es otra: fue entonces cuando florecieron las primeras universidades, se inventaron las gafas, los relojes mecánicos y surgió una vibrante y rica cultura científica.
En La Luz de la Edad Media, Seb Falk, historiador de la ciencia en la Universidad de Cambridge, nos sumerge en la ciencia medieval a través de la historia de John Westwyk. Desde multiplicar números romanos hasta explorar las estrellas con los astrónomos toledanos, curar enfermedades y conocer la hora con un antiguo astrolabio, descubriremos las bases que la ciencia medieval sentó para el mundo moderno. En nuestro recorrido por la ciencia del Medievo, nos encontraremos con un elenco de personajes notables, como el abad inglés leproso que construye de vanguardia, al artesano francés convertido en espía, el rey español que impulsó la ciencia medieval y el polímata persona que fundó el observatorio más avanzado del mundo.
La luz en la Edad Media es una historia fundamental y apasionante que revoluciona nuestra forma de entender el pasado y descubre los ignorados logros de una ciencia medieval que sentó las bases de nuestro mundo moderno>>.
La Edad Media recibe su nombre de la creencia de que fue algo... insignificante, oscuro, gobernado por la superstición, el miedo, la religión; en medio de la Edad de los Metales y el Renacimiento. De alguna manera, es eso que queda ahí en medio. Sin embargo, la realidad es bien distinta: se trata de un periodo histórico de 10 siglos, mucho menos vacío de lo que se piensa. En su libro, La luz de la Edad Media. La historia de la ciencia medieval, Seb Falk nos cuenta un poquito de cómo se veía la ciencia por aquellos tiempos.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Palabras relacionadas con Edad Media: lucha, reyes, religión, oscurantismo, magia... ¿ciencia? Esta última no suele ser la que se nos viene a la cabeza. Pero la época medieval fue un momento lleno de avances y de interés por el conocimiento. El problema es que pensamos que la única manera de hacer ciencia es la hoy en día; nuestra imagen mental de un científico es la actual: en un laboratorio, con bata o en el simulador de partículas. La imagen de la persona de ciencias en la Edad Media era la del monje. Y así empieza nuestra historia.
Seb Falk nos cuenta la historia de la ciencia a través de viaje de un monje, John Westwyk y su documento la Equatorie, cuya autoría tardó muchos años en descifrarse. Nuestro protagonista no es nadie notorio ni su nombre ha prevalecido a lo largo del tiempo, de hecho solo lo conocemos por ese trabajo. Sin embargo, es el claro ejemplo de una persona dedicada al conocimiento. Falk nos presenta el mundo de la Baja Edad Media a través de sus ojos y rutinas de un monje benedictino en la abadía de San Albano (Saint Albans) en Inglaterra. John recorrerá la biblioteca de esa abadía y otras, se embarcará en un viaje hacia el norte y querrá emprender una cruzada, con la temeridad propia de la juventud. Se interesará por la astronomía y por los saberes de la época; leerá a Ptolomeo, Aristóteles y a un contemporáneo, Geoffrey Chaucer; y, finalmente, escribirá la Equatorie.
John Westwyk es nuestro modelo de científico -o filósofo natural- de la época: un hombre de familia media que logró entrar a un monasterio -un lujo que ofrecía aprendizaje y cultura-, dedicado a sus tareas como monje -copista- y a buscar a Dios. Debemos entender, y es muy importante, que la ciencia como conocimiento era buscada con el fin de acercarse a Dios, ya que conociendo y entendiendo su obra podríamos llegar a Él. Por ello la cultura quedaba en los monasterios. Hace años, la religión y la ciencia no peleaban, sino que eran una. Y este es el punto de partida para poder entender el libro.
A través de Westwyk, Falk recorre las materias y la forma de aprenderlas de la Edad Media: aritmética, astronomía, astrología, matemáticas, arte, tecnología... Nos muestra imágenes de manuscritos y nos enseña cómo se usaban los instrumentos de la época: el ábaco, el astrolabio y el albión... También nos recuerda la importancia de la copia de los manuales de uso, del aprendizaje tácito, esa parte de la historia que nunca llegaremos a recrear al 100%; y del uso diario de las materias que los monjes debían cursar: la astronomía para conocer el trascurso de los días y los meses, las matemáticas para las cuentas, la lectura y escritura para no evitar la pérdida del conocimiento, depositado en los libros de las bibliotecas durante siglos; la astrología, para entender el ser humano (microcosmos) y lo que le sucede a través del estudio de las estrellas (macrocosmos); la medicina, la cartografía... Disciplinas que hoy en día encuadramos en las ciencias (algunas de ellas), pero que comenzaron en esos tiempos, con el único deseo mundano de entender.
También nos habla de la Iglesia y de su relación con el saber, de cómo fue cambiando y haciéndose más estricta a medida que la Edad Media terminaba -justo cuando el periodo de la luz y la razón empezaba. Nos narra las cruzadas, y la ciencia oriental, sobre todo la islámica y la judía y cómo estas sirvieron de base para la occidental.
En resumen, este libro es un golpe de realidad: la Edad Media no fue un periodo de oscuridad, magia y superstición, sino que podemos encontrar -y empatizar- con el mismo sentimiento de interés por lo desconocido: curiosidad y necesidad de entendimiento.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El libro es muy completo y, aun así deja bastantes temas sin tocar, como la gran participación de las mujeres -muchas de ellas religiosas- en la ciencia de la Edad Media, sobre todo relacionada con el arte del parto -parteras, comadronas, matronas. Asimismo, no explica la diferencia entre magia blanca, magia negra, superstición y filosofía natural. Sin embargo, es bastante difícil resumir un periodo de diez siglos en apenas 500 páginas. Finalmente, a pesar de ello, consigo hacer llegar el mensaje: la ciencia en la Edad Media existía; las personas de esa época no eran distintas de nosotras, no era ignorantes que creían que el Sol giraba alrededor de la Tierra porque había un gran atraso y la Iglesia se negaba a dejar avanzar la ciencia, sino que veían lo que había y lo intentaban descifrar como podían. Actualmente, podemos creer que la ciencia lo ha descubierto todo, pero hace apenas 60 años que supimos cómo era la molécula de ADN -descubriendo posterior a la Equatorie de John Westwyk. Creemos en la ciencia actual de manera ciega, orgullosas de lo que sabemos, exactamente igual que las personas de la época medieval.
La única pega del libro es la cantidad de información que tiene, alguna demasiado técnica si no se ha estudiado eso en específico, y con eso me refiero a la astronomía: entender el funcionamiento del astrolabio -instrumento del que hemos oído tanto hablar y que parece tan fácil de usar- nos confirma que las personas de la Edad Media tenían un conocimiento muy avanzado de la física de los cielos y seguían a la perfección su movimiento.
Así que, si quieres cambiar tu percepción del científico medieval te recomiendo este libro. A pesar de lo denso que puede ser a veces, Seb Falk consigue conectar cada tema, a la vez que nos muestra la vida diaria y cotidiana de un monje, de manera que podemos, al final, crear un enorme mapa de ideas interrelacionadas para comprender la Edad Media como un gran periodo (más que el Renacimiento).
Y no hay que quedarse aquí: el autor recomienda una gran cantidad de lecturas y fuentes de información variadas que merece la pena visitar. Así, ¡a ello!
TheWriter.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Si te gusta la Edad Media y la visión que tenían las personas de la ciencia, te invito a leer la siguiente entrada sobre la ciencia y la magia: Magia o Ciencia

Comentarios
Publicar un comentario