De qué sirve

¿Sabéis la historia de Vincent van Gogh? Dicen que murió solo y arruinado. Consiguió fama de forma póstuma. ¿Os imagináis qué debe de sentir ahora su espíritu: alegría o frustración? Para mí es esta última; es decir, nunca le gustó a nadie su obra. La gente rica pasaba de largo y hoy está expuesta en los museos más importantes del mundo y todas las personas le hacen fotografías y compran prendas de ropa y accesorios de toda clase con sus dibujos. Es famoso, uno de los pintores más importantes. ¡Y tuvo que morir para serlo! Desde luego, debe de estar revolcándose en su tumba, el pobre Vincent. Qué psicópatas somos las personas: para que sus obras fueran merecedoras de algo tuvo que morir. Lo peor: hemos romantizado ese hecho tantas veces, en tantas series, como ese capítulo de Doctor Who donde conocen al pintor y le muestran sus obras en un museo. ¡El señor van Gogh lloraba de orgullo y alegría! Pero seamos sinceras: ¿acaso cualquiera de nosotras se sentiría bien sabiendo que ha tenido que morir para ser algo, para que la vieran

Desde luego volveríamos de la muerte solo para dejarles unas cuantas cosas claras. 

No puedo evitar pensar en que, posiblemente, Vicent van Gogh se sintió muy similarmente a las víctimas de bullying y otros acosos: solo, desamparado, obviado. Pero, una vez le llegó la muerte, ya fue visible. ¡Qué triste que tenga que llegarnos la muerte para ser vistas! 

Es como el caso de la pobre niña que, hace unos meses, se suicidó porque la acosaban en el colegio. He escrito tantas veces sobre este tema, sobre la facilidad con la que la sociedad mira hacia otro lado; que ignora los problemas de las personas que quiere. Es tan sencillo hacerlo, la gente es incluso ya una profesional en ello: tan solo se enfocan en sus propias mierdas y se quejan en una plataforma virtual de lo mal que va el mundo pero nadie hace nada por cambiar las cosas. Ah, y la gente que lo hace, que intenta mejorar, por ella misma, por el resto, son las que peor están. Y ahí siguen: luchando. 

Pero hoy no vengo a hablar de nada de esto. Ni de bullying ni de la voluntaria falta de atención de las personas, no. Hoy vengo a hablar de mí, como tantas veces he hecho ya en este blog. Pero hoy es distinto. Hoy os anuncio que dejo de escribir, porque no sirve de nada. ¿Sabéis la gracia? Que esto no lo leerá nadie y a nadie le importará que escriba o deje de hacerlo. 

Cuando abrí el blog, allá por 2019, mi intención era clara: escribir. Empezó siendo para mí. Yo ya sabía que no iba a tener muchas visitas: vivimos en la era de lo digital, de lo rápido. Es más atractivo un vídeo de Instagram de 30 segundos que un artículo largo (y sin embargo odiamos los audios de WhatsApp). Lo cierto es que, en realidad, leemos más palabras por minuto que escuchamos. Luego abrí una cuenta en Instagram, del mismo nombre. Y así hay más gente que entra, pero tampoco mucha. Soy una persona de escribir, largo y tendido, y siempre lo seré. Incluso prefiero escribir a papel que al ordenador. Estos últimos meses me ha sucedido lo mismo que a cualquiera otra persona le pasaría: imprevistos, cosas que requieren de su atención, aun bajones emocionales muy fuertes que me drenan toda la energía y me bloquean la creatividad (literalmente). 

En esta era de la productividad excesiva, donde todo lo que se hace debe, imperativamente, tener un propósito, el cual sea preferiblemente ganar dinero, yo me he negado. Así que durante los últimos años he continuado con el blog, dedicándome a hacer lo que quería, sin pensar mucho en ganar seguidores, sin verdaderamente importarte las visualizaciones y la gente que me leía. Pero hasta hoy. 

El día de hoy, 12 de mayo de 2026, es el último día en que subiré algo a este blog y a su cuenta de Instagram. No sirve absolutamente de nada seguir dedicándole tiempo a un proyecto que ni siquiera recibe el apoyo de la gente que, en teoría, me quiere, pero siempre está tan liada para leer lo que escribo... Curioso, ¿eh? La verdad es que, haciendo memoria, creo que muy pocas veces alguien de mi entorno ha apoyado mi creatividad de manera directa, y no solo halagándome por ser tan creativa o hablándome de cuánto querría leer algo mío, sino de verdad, con acciones. 

Así que estoy cansada. Enhorabuena a la sociedad de mierda en la que vivo, porque lo habéis hecho de nuevo: agotar las fuerzas. Total en mi caso es que ni mi madre, ni mis amigas, ni mi pareja en su momento lo leían. Así que, ni para eso sirvo. Ni la gente que se supone que tendría que apoyarme lo hace.

Ah, sí, estoy escribiendo un libro. Como no siento que ni el blog merezca la pena, voy a dejar mi libro. 

De qué sirve ya escribir nada. ¿De qué sirve?

Y podríais decirme: ay, pero tienes que hacerlo por ti. ¡Ja! Seamos sinceras, hacerlo solo por una misma no es suficiente. Nadie hace nada para sí misma al 100%. 

En fin. Gracias a las personas que habéis estado ahí. 

Victoria.

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